
Solo quien aprende a mirar descubre los tesoros
que el mar decide devolver.
El sea glass es un fragmento de cristal transformado por el mar.
Lo que un día fue una botella, un vaso o una ventana inició, sin saberlo, un viaje extraordinario.
Durante años, a veces durante décadas, las olas, la arena y las rocas fueron puliendo sus aristas hasta convertirlo en una pequeña joya creada por la naturaleza.
Nadie sabe dónde comenzó realmente ese viaje.
Quizá nació a pocos kilómetros del lugar donde lo encontré.
Quizá cruzó mares durante décadas antes de que nuestros caminos se cruzaran.
El mar borró su pasado, pero le regaló una nueva identidad.
Cuando el mar pone uno de estos cristales en mi camino, no puedo dejarlo allí. Siento que me está pidiendo una segunda oportunidad.
Algunos ya han encontrado a la persona con la que estaban destinados a encontrarse.
Otros todavía siguen esperándola.
Cada cristal guarda una historia
Algunos cristales todavía conservan huellas de su primera vida.
Marcas que permiten imaginar el objeto que fueron.


Otros llegaron hasta mí sin dejar ninguna pista.
Solo el mar conoce la historia que vivieron.

Paseando con mi amiga por la playa de Bogatell, en Barcelona, el mar me regaló este trozo de vidrio azul, pulido por el tiempo y las olas.
Su forma me habló al instante.
Así nació este anillo, sencillo, libre y lleno de amor.
Aquí comienza la tercera vida de estos cristales...
Cada cristal tiene una historia mucho más larga que la mía!

Este vidrio azul, único por su forma, fue encontrado entre las olas.
Me recordó a una isla, a una huella del mar.
Lo transformé en esta pulsera, forjada a mano en plata, para llevar siempre conmigo su energía y su libertad.

Un puñado de vidrios marinos, cada uno con su color, su forma y su historia.
Los convertí en un ramo eterno, que guarda la magia del mar y la transforma en belleza.
